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El lunes pasado, 5 de abril, echó a andar el Coro de la Delegación de Pastoral Juvenil de Granada. En la reunión se concienció a los presentes del fin con el que surge dicho grupo de la Pastoral. Con él, se quiere articular un instrumento para los encuentros diocesanos de la Delegación de Pastoral Juvenil y, a corto plazo, la JMJ 2011 de Madrid.

Tras la reunión, en la que se escogieron las canciones que amenizarán la vigilia de Pentecostés, del próximo 22 de mayo, se acordó tener el primer ensayo el miércoles 14 de abril a las ocho de la tarde en el Seminario Mayor. Es necesaria la colaboración de todos aquellos (guitarras, voces u otros instrumentos) que quieran participar para formar el Coro.

Por ello, se pide todo el que lea esta información que la transmita en sus parroquias, para estar el mayor número de personas el próximo miércoles. No obstante, el Coro desea tener entidad y estabilidad en sus componentes, por lo que se pide la presencia de quienes tengan voluntad de participar. Os esperamos.

Domingo, 11 Abril 2010 14:33

¡Feliz Pascua 2010!

La certeza de la Resurrección ya está aquí. Hoy, conmemorando la Octava de Pascua, podemos decir que Dios ha resucitado, ha vencido a la cruz, y en el amanecer de un nuevo día nos ha manifestado la noticia que anticipó. Tras una larga Cuaresma y una sufrida Semana Santa, el Dios crucificado vuelve a la vida, para desterrar de nuestro camino cualquier duda o miedo y darnos la confianza para seguir andando.

Ni las mujeres, ni los discípulos, ni cualquiera de nosotros debe mirar hacia la cruz. «¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado» (Lc 24, 1, 12). Ha resucitado y hay que manifestar este gozo con Él, para evitar en el próximo año, la orfandad de estar lejos de Áquel que bajó para implicarnos en su proyecto de vida, el proyecto del amor.

Quien se entregó por nosotros nos invita a dar testimonio en los próximos cincuenta días, hasta la venida del Espíritu Santo, en la jornada de Pentecostés, que celebraremos en nuestra Delegación de Pastoral Juvenil de Granada en el próximo EDJ, que será en la capital. Hasta entonces, el Dios de los vivos nos invita a dar testimonio de su Resurección. ¡Feliz Pascua 2010!

n el 25º aniversario de la institución de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), Benedicto XVI renovó la llamada, a dar testimonio de Cristo, que los jóvenes recibieron de Juan Pablo II el domingo de Ramos de 1985.

Lo hizo este domingo dirigiéndose a los jóvenes al introducir la oración mariana del Ángelus, al final de la solemne celebración litúrgica del Domingo de Ramos y de la Pasión del Señor, que presidió en la Plaza de san Pedro.

“Hace 25 años, mi amado Predecesor invitó a los jóvenes a profesar su fe en Cristo que 'ha tomado sobre sí mismo la causa del hombre'”, recordó, citando la homilía que Juan Pablo II pronunció el 31 de marzo de 1985.

“Hoy yo renuevo esta llamada a la nueva generación, a dar testimonio con la fuerza suave y luminosa de la verdad, para que a los hombres y mujeres del tercer milenio no les falte el modelo más auténtico: Jesucristo”, afirmó.

Y añadió: “Encargo este mandato en particular a los 300 delegados del Foro Internacional de Jóvenes”, celebrado en Rocca di Papa del miércoles al domingo.

En referencia a las JMJ, Benedicto XVI destacó que desde el 1985, que las Naciones Unidas habían declarado “Año de la Juventud”, el Domingo de Ramos “ha adquirido esta característica”.

Característica, continuó, “que cada dos o tres años se manifiesta también en los grandes encuentros mundiales, trazando una especie de peregrinación juvenil a través de todo el planeta en el seguimiento de Jesús”.

“Queridos amigos -prosiguió-, no temáis cuando seguir a Cristo comporte incomprensiones y ofensas”.

Y exhortó: “Servidlo en las personas más frágiles y desfavorecidas, en particular en vuestros coetáneos en dificultades”.

Con este propósito, Benedicto XVI aseguró también “una especial oración por la Jornada mundial de los portadores de autismo, promovida por la ONU, que se celebrará el próximo 2 de abril”.

Las decenas de miles de jóvenes que tanto este domingo como el jueves precedente han celebrado con Benedicto XVI los 25 años de las Jornadas Mundiales de la Juventud, demuestran que este pontífice continúa una relación que creó Juan Pablo II.
A esta conclusión llega el padre Federico Lombardi S.I., director de la Oficina de Información de la Santa Sede, en el editorial del último número de "Octava Dies", semanario del Centro Televisivo Vaticano, del que también es director.
"La gran intuición de Juan Pablo II permitió que la vasta actividad educativa y pastoral de la Iglesia con los jóvenes encontrara - en este mundo globalizado - momentos catalizadores, capaces de alimentar la alegría de los jóvenes de festejar juntos su fe en Cristo y relanzar su compromiso y su esperanza", explica el portavoz.

"Los jóvenes están en el corazón de la Iglesia, son importantes para ella, son su futuro, renuevan su juventud", subraya. "A ellos es a quienes se anuncia con frescura siempre nueva que Cristo es el sentido de la vida y de la historia. Innumerables educadores y santos han dedicado sus vidas al servicio de los jóvenes, que han conservado para ellos una gratitud inmensa".

"Esta historia es actual y continúa. ¿Qué otros grandes encuentros de jóvenes hablan al mundo de esperanza como las Jornadas Mundiales de la Juventud y las innumerables realidades locales de las cuales ellas provienen y que expresan?", se pregunta.
"Episodios dramáticos y escándalos de abusos --aunque raros y circunscritos-- deben ser claramente combatidos y prevenidos, precisamente para que esta maravillosa corriente continúe dando sus límpidos frutos para los jóvenes de todo el mundo. Con el Papa, el camino sigue mirando con entusiasmo hacia delante", concluye.

Ofrecemos a continuación la transcripción del diálogo mantenido ayer entre el Papa Benedicto XVI y los jóvenes de Roma, congregados en la Plaza de San Pedro para la conmemoración del vigésimo quinto aniversario de la primera Jornada Mundial de la Juventud.

- Padre Santo el joven del Evangelio preguntó a Jesús: maestro bueno, ¿qué debo hacer para tener la vida eterna? Yo no sé siquiera qué es la vida eterna. No consigo imaginármela, pero sé una cosa: no quiero tirar mi vida, quiero vivirla hasta el fondo, y no estar sola. Tengo miedo de que esto no suceda, tengo miedo de pensar sólo en mí misma, de equivocarme en todo y de encontrarme sin una meta que alcanzar, viviendo al día. ¿Es posible hacer de mi vida algo hermoso y grande?

Queridos jóvenes,
antes de responder a la pregunta quisiera decir gracias de corazón por toda vuestra presencia, por este maravilloso testimonio de fe, de querer vivir en comunión con Jesús, por vuestro entusiasmo en el seguir a Jesús y vivir bien. ¡Gracias!

Y ahora la pregunta. Usted nos ha dicho que no sabe qué es la vida eterna y que no sabe imaginársela. Ninguno de nosotros es capaz de imaginar la vida eterna, porque está fuera de nuestra experiencia. Con todo, podemos comenzar a comprender qué es la vida eterna, y creo que usted, con su pregunta, nos ha dado una descripción de lo esencial de la vida eterna, es decir, de la verdadera vida: no tirar la vida, vivirla en profundidad, no vivir para sí mismos, no vivir al día, sino vivir realmente la vida en su riqueza y en su totalidad. ¿Y cómo hacer? Esta es la gran cuestión, con la que el rico del Evangelio vino al Señor (cfr Mc 10,17). A primera vista, la respuesta del Señor parece muy seca. En resumen, dice: observa los mandamientos (cfr Mc 10,19). Pero detrás, si reflexionamos bien, si escuchamos bien al Señor, en la totalidad del Evangelio, encontramos la gran sabiduría de la Palabra de Dios, de Jesús. Los mandamientos, según otra Palabra de Jesús, se resumen en este único: amar a Dios con todo el corazón, con toda la razón, con toda la existencia y amar al prójimo como a sí mismo. Amar a Dios, supone conocer a Dios, reconocer a Dios. Y este es el primer paso que debemos hacer: intentar conocer a Dios. Y así sabemos que nuestra vida no existe por casualidad, no es casualidad. Mi vida es querida por Dios desde la eternidad. Yo soy amado, soy necesario. Dios tiene un proyecto conmigo en la totalidad de la historia; tiene un proyecto precisamente para mi. Mi vida es importante y también necesaria. El amor eterno me ha creado en profundidad y me espera. Por tanto, este es el primer punto: conocer, intentar conocer a Dios y comprender así que la vida es un don, que es bueno vivir. Después lo esencial es el amor. Amar a este Dios que me ha creado, que ha creado este mundo, que gobierna entre todas las dificultades del hombre y de la historia, y que me acompaña. Y amar al prójimo.

Los diez mandamientos a los que Jesús apunta en su respuesta, son sólo una explicitación del mandamiento del amor. Son, por así decirlo, reglas del amor, indican el camino del amor con estos puntos esenciales: la familia, como fundamento de la sociedad; la vida, que hay que respetar como don de Dios; el orden de la sexualidad, de la relación entre hombre y mujer; el orden social, y finalmente, la verdad. Estos elementos esenciales explicitan el camino del amor, explicitan cómo amar realmente y cómo encontrar el camino recto. Por tanto, hay una voluntad fundamental de Dios para todos nosotros, que es idéntica para todos nosotros. Pero su aplicación es diversa en cada vida, porque Dios tiene un proyecto preciso con cada hombre. San Francisco de Sales dijo una vez: la perfección, es decir, ser bueno, vivir la fe y el amor, es sustancialmente una, pero con formas muy distintas. Muy diversa es la santidad de un cartujo y de un político, de un científico o de campesino, etc. Y así, para cada hombre, Dios tiene su proyecto y yo tengo que encontrar, en mis circunstancias, mi manera de vivir esta única y común voluntad de Dios, cuyas grandes reglas están indicadas en esta explicitación del amor. Y buscar también por tanto realizar lo que es la esencia del amor, es decir, no tomar mi vida para mí, sino dar la vida; no “tener” la vida, sino hacer de la vida un don, no buscarme a mí mismo sino darme a los demás. Esto es lo esencial, e implica renuncias, es decir, salir de mí mismo y no buscarme a mí mismo. Y precisamente no buscándome a mí mismo, sino dándome para las cosas grandes y verdaderas, encuentro la verdadera vida. Así cada uno encontrará, en su vida, las distintas posibilidades: comprometerse en el voluntariado, en una comunidad de oración, en un movimiento, en la acción de su parroquia, en su propia profesión. Encontrar mi vocación y vivirla en cada lugar es importante y fundamental, sea uno un gran científico o un campesino. Todo es importante a los ojos de Dios: es hermoso si se vive hasta el fondo con ese amor que realmente redime al mundo.

Para terminar quisiera contar una pequeña historia de santa Giuseppina Bakhita, esta pequeña santa africana que en Italia encontró a Dios y a Cristo, y que me produce siempre una gran impresión. Era monja en un convento italiano; un día, el obispo del lugar visitó ese monasterio, vio a esta pequeña monja negra, de la que al parecer no sabía nada, y dijo: “Hermana, ¿que hace usted aquí?” Y Bakhita respondió: “Lo mismo que hace usted, excelencia”. El obispo, visiblemente irritado, dijo: "¿Pero cómo, hermana, hace lo mismo que yo?”. “Sí, – dice la monja – ambos queremos hacer la voluntad de Dios, ¿no es cierto?”. Al final este es el punto esencial: conocer, con ayuda de la Iglesia, de la Palabra de Dios y de los amigos, la voluntad de Dios, sea en sus grandes líneas, comunes para todos, sea en la concreción de mi vida personal. Así la vida quizás no llegue a ser demasiado fácil, pero sí hermosa y feliz. Oremos al Señor para que nos ayude siempre a encontrar su voluntad y a seguirla con alegría.

- El Evangelio nos ha dicho que Jesús miró a aquel joven y le amó. Padre Santo, ¿qué quiere decir ser mirados con amor por Jesús; cómo podemos tener hoy también nosotros esta experiencia? ¿Es de verdad posible vivir esta experiencia también en esta vida de hoy?

Naturalmente diré que sí, porque el Señor está siempre presente y nos mira a cada uno de nosotros con amor. Sólo que nosotros tenemos que hallar esta mirada y encontrarnos con él. ¿Cómo hacer? Diría que el primer punto para encontrarnos con Jesús, para tener experiencia de su amor, es conocerlo. Conocer a Jesús implica varios caminos. Una primera condición es conocer la figura de Jesús como aparece en los Evangelios, que nos dan un retrato muy rico de la figura de Jesús, en las grandes parábolas, pensemos en el hijo pródigo, en el samaritano, en Lázaro, etc. En todas las parábolas, en todas sus palabras, en el sermón de la montaña, encontramos realmente el rostro de Jesús, el rostro de Dios hasta en la cruz, donde, por amor a nosotros, se da totalmente hasta la muerte y puede, al final, decir En tus manos Padre entrego mi vida, mi alma (cfr Lc 23,46).

Por tanto: conocer, meditar a Jesús junto con los amigos, con la Iglesia y conocer a Jesús no sólo de una forma académica, teórica, sino con el corazón, es decir, hablar con Jesús en la oración. A una persona no se la puede conocer de la misma forma como puedo estudiar matemáticas. Para las matemáticas es necesaria y suficiente la razón, pero para conocer a una persona, es más, la gran persona de Jesús, Dios y hombre, es necesaria también la razón, pero al mismo tiempo, también el corazón. Sólo con la apertura del corazón a él, sólo con el conocimiento del conjunto de cuanto ha dicho y cuanto ha hecho, con nuestro amor, con nuestro ir hacia él, podemos poco a poco conocerle cada vez más y así tener la experiencia de ser amados. Por tanto: escuchar la Palabra de Jesús, escucharla en la comunión de la Iglesia, en su gran experiencia y responder con nuestra oración, con nuestro coloquio personal con Jesús, en el que le decimos lo que no podemos entender, nuestras necesidades, nuestras preguntas. En un verdadero coloquio, podemos encontrar cada vez más este camino del conocimiento, que se convierte en amor. Naturalmente, no sólo pensar, no sólo rezar, sino hacer también una parte del camino hacia Jesús: hacer cosas buenas, comprometerse por el prójimo. Hay diversos caminos; cada uno conoce sus propias posibilidades, en la parroquia y en la comunidad en la que vive, para comprometerse también con Cristo y por los demás, por la vitalidad de la Iglesia, para que la fe sea verdaderamente formadora de nuestro ambiente, y así de nuestra época. Por tanto, diría estos elementos: escuchar, responder, entrar en la comunidad creyente, comunión con Cristo en los sacramentos, donde se da a nosotros, tanto en la Eucaristía como en la confesión, etc., y finalmente hacer, realizar las palabras de la fe para que se conviertan en fuerza de mi vida y aparezca verdaderamente a mí la mirada de Jesús y su amor que me ayuda, me transforma.

- Jesús invitó al joven rico a dejar todo y a seguirle, pero él se fue triste. También a mí como a él me cuesta seguirle, porque tengo miedo de dejar mis cosas y quizás la Iglesia me pida renuncias difíciles. Padre Santo ¿cómo puedo encontrar la fuerza para las decisiones valientes, y quien puede ayudarme?

Bien, comencemos con esta palabra dura para nosotros: renuncias. Las renuncias son posibles y, al final, se convierten también en hermosas si tienen un porqué y si este porqué justifica después también la dificultad de la renuncia. San Pablo usó, en este contexto, la imagen de las olimpiadas y de los atletas empeñados en las olimpiadas (cfr 1Cor 9,24-25). Dice: Ellos, para llegar finalmente a la medalla – en aquel tiempo a la corona – deben vivir una disciplina muy dura, deben renunciar a muchas cosas, deben ejercitarse en el deporte que practican y hacen grandes sacrificios y renuncias porque tienen una motivación, vale la pena. Aunque al final, quizás, no estén entre los vencedores, con todo es una cosa hermosa haberse disciplinado a sí mismos y haber sido capaces de hacer estas cosas con una cierta perfección. La misma cosa que vale, con esta imagen de san Pablo, para las olimpiadas, para todo deporte, vale también para todas las demás cosas de la vida. Una vida profesional buena no se puede alcanzar sin renuncias, sin una preparación adecuada, que exige siempre una disciplina, exige que se deba renunciar a algo, etc., también en el arte y en todos los elementos de la vida. Todos nosotros comprendemos que para alcanzar un objetivo, sea profesional, deportivo, artístico, cultural, debemos renunciar, aprender para ir adelante. Precisamente también el arte de vivir, de ser uno mismo, el arte de ser hombre exige renuncias, y las renuncias verdaderas, que nos ayudan a encontrar el camino de la vida, el arte de la vida, se nos indican en la palabra de Dios y nos ayudan a no caer – digamos – en el abismo de la droga, del alcohol, en la esclavitud de la sexualidad, en la esclavitud del dinero, de la pereza. Todas estas cosas, en un primer momento, aparecen como actos de libertad. En realidad no son actos de libertad, sino el comienzo de una esclavitud que se convierte cada vez en más insuperable. Conseguir renunciar a la tentación del momento, ir hacia el bien crea la verdadera libertad y hace preciosa la vida. En este sentido, me parece, debemos ver que sin un “no” a ciertas cosas no crece el gran “sí” a la verdadera vida, como la vemos en la figura de los santos. Pensemos en san Francisco, pensemos en los santos de nuestro tiempo, en Madre Teresa, don Gnocchi y tantos otros, que han renunciado y que han vencido y que hoy son no sólo libres ellos mismos, sino también una riqueza para el mundo y nos muestran cómo se puede vivir. Así a la pregunta “quién me ayuda”, diría que ayudan las grandes figuras de la historia de la Iglesia, nos ayuda la Palabra de Dios, nos ayuda la comunidad parroquial, el movimiento, el voluntariado, etc. Y nos ayudan las amistades de hombres que “van adelante”, que ya han hecho progresos en el camino de la vida y que pueden convencerme de que caminar así es el camino justo. Oremos al Señor para que nos de siempre amigos, comunidades que nos ayudan a ver el camino del bien y a encontrar así la vida bella y gozosa.

"Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?" (Mc 10,17)

Queridos amigos,

este año se celebra el vigésimo quinto aniversario de la institución de la Jornada Mundial de la Juventud, querida por el Venerable Juan Pablo II como cita anual de los jóvenes creyentes del mundo entero. Fue una iniciativa profética que ha traído frutos abundantes, permitiendo a las nuevas generaciones cristianas encontrarse, ponerse a la escucha de la Palabra de Dios, descubrir la belleza de la Iglesia y vivir experiencias fuertes de fe que han llevado a muchos a la decisión de entregarse totalmente a Cristo.

La presente XXV Jornada representa una etapa hacia el próximo Encuentro Mundial de los jóvenes, que tendrá lugar en agosto de 2011 en Madrid, donde espero que seréis numerosos en vivir este acontecimiento de gracia.

Para prepararnos a esta celebración, quisiera proponeros algunas reflexiones sobre el tema de este año: "Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?" (Mc 10,17), tomado del episodio evangélico del encuentro de Jesús con el joven un tema ya afrontado en 1985, por el Papa Juan Pablo II en una bellísima Carta, dirigida por primera vez a los jóvenes.

1. Jesús se encuentra a un joven

Se ponía ya [Jesús] en camino cuando uno corrió a su encuentro y arrodillándose ante él, le preguntó: "Maestro bueno, ¿ qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?" Jesús le dijo: "¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre." El, entonces, le dijo: "Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud." Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo: "Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme." Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes. (Mc 10, 17-22).

Este relato expresa de manera eficaz la gran atención de Jesús hacia los jóvenes, hacia vosotros, hacia vuestras expectativas, vuestras esperanzas, y muestra qué grande es su deseo de encontraros personalmente y de abrir un diálogo con cada uno de vosotros. Cristo, de hecho, interrumpe su camino para responder a la pregunta de su interlocutor, manifestando plena disponibilidad hacia ese joven, que estaba movido por un ardiente deseo de hablar con el “Maestro bueno”, para aprender de Él a recorrer el camino de la vida. Con este pasaje evangélico, mi Predecesor quería exhortar a cada uno de vosotros a “desarrollar su propio coloquio con Cristo – un coloquio que es de fundamental importancia y esencial para un joven" (Carta a los jóvenes, n. 2).

2. Jesús le miró y le amó

En el relato evangélico, san Marcos subraya cómo “Jesús, fijando en él su mirada, le amó” (cfr Mc 10,21). En la mirada del Señor está el corazón de este especialísimo encuentro y de toda la experiencia cristiana. De hecho el cristianismo no es en primer lugar una moral, sino experiencia de Jesucristo, que nos ama personalmente, jóvenes o viejos, pobres o ricos; nos ama también cuando le damos la espalda.

Comentando la escena, el papa Juan Pablo II añadía, dirigido a vosotros jóvenes: “¡Os auguro que experimentéis una mirada así! ¡Os auguro que experimentéis la verdad de que él, el Cristo, os mira con amor!" (Carta a los jóvenes, n. 7). Un amor, manifestado en la Cruz de manera tan plena y total, que hace escribir a san Pablo con estupor: “me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gal 2,20). "La conciencia de que el Padre nos ha amado desde siempre en su Hijo, de que Cristo ama a cada uno y siempre – escribe aún el papa Juan Pablo II – se convierte en un punto firme de apoyo para toda nuestra existencia humana" (Carta a los jóvenes, n. 7), y nos permite superar todas las pruebas: el descubrimiento de nuestros pecados, el sufrimiento, el desánimo.

En este amor se encuentra la fuente de toda la vida cristiana y la razón fundamental de la evangelización: ¡si verdaderamente hemos encontrado a Jesús no podemos menos que dar testimonio de él a todos aquellos que aún no han cruzado la mirada con él!

3. El descubrimiento del proyecto de vida

En el joven del Evangelio podemos ver una condición muy similar a la de cada uno de vosotros. También vosotros sois ricos en cualidades, en energías, en sueños, en esperanzas: ¡recursos que poseéis en abundancia! Vuestra propia edad constituye una gran riqueza no solo para vosotros sino también para los demás, para la Iglesia y para el mundo.

El joven rico pregunta a Jesús: ¿Qué tengo que hacer? La etapa de la vida en la que estáis inmersos es tiempo de descubrimiento: de los dones que Dios os ha otorgado y de vuestras responsabilidades. Es, también, tiempo de elecciones fundamentales para construir vuestro proyecto de vida. Es el momento, por tanto, de interrogaros sobre el sentido auténtico de la existencia y de preguntaros: “¿Estoy satisfecho con mi vida? ¿Hay algo que me falta?”.

Como el joven del Evangelio, quizás también vosotros vivís situaciones de inestabilidad, de turbación o de sufrimiento, que os llevan a aspirar a una vida no mediocre y a preguntaros: ¿en qué consiste una vida lograda? ¿Qué tengo que hacer? ¿Cuál podría ser mi proyecto de vida? “¿Qué tengo que hacer, para que mi vida tenga pleno valor y pleno sentido?" (Ibid., n. 3).

¡No tengáis miedo de afrontar estas preguntas! Lejos de abrumaros, éstas expresan las grandes aspiraciones que están presentes en vuestro corazón. Por tanto, deben ser escuchadas. Éstas esperan respuestas no superficiales, sino capaces de satisfacer vuestras auténticas esperanzas de vida y de felicidad.

Para descubrir el proyecto de vida que puede haceros plenamente felices, poneos en escucha de Dios, que tiene su diseño de amor sobre cada uno de vosotros. Con confianza, preguntadle: “Señor, ¿cuál es tu diseño de Creador y Padre sobre mi vida? ¿Cuál es tu voluntad? Yo deseo cumplirla”. Estad seguros de que os responderá. ¡No tengáis miedo a su respuesta! “Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo” (1 Jn 3, 20).

4. Ven y sígueme!

Jesús invita al joven rico a ir más allá de la satisfacción de sus aspiraciones y de sus proyectos personales, le dice: “¡Ven y sígueme!”. La vocación cristiana brota de una propuesta de amor del Señor y puede realizarse solo gracias a una respuesta de amor: "Jesús invita a sus discípulos al don total de su vida, sin cálculo ni intereses humanos, con una confianza en Dios sin reservas. Los santos acogen esta invitación exigente, y se ponen con humilde docilidad tras las huellas de Cristo crucificado y resucitado. Su perfección, en la lógica de la fe a veces humanamente incomprensible, consiste en no ser el centro de sí mismos, sino en escoger el ir contracorriente viviendo según el Evangelio” (Benedicto XVI, Homilía con ocasión de las Canonizaciones: L’Osservatore Romano, 12-13 octubre 2009, p. 6).

A ejemplo de tantos discípulos de Cristo, acoged también vosotros, queridos amigos, con gozo la invitación al seguimiento, para vivir intensamente y con fruto en este mundo. Con el Bautismo, de hecho, él llama a cada uno a seguirlo con acciones concretas, a amarlo por encima de todo y a servirlo en los hermanos. El joven rico, por desgracia, no acogió la invitación de Jesús y se fue entristecido. No había encontrado el valor de apartarse de los bienes materiales para encontrar el bien más grande propuesto por Jesús.

La tristeza del joven rico del Evangelio es la que nace del corazón de cada uno cuando no se tiene el valor de seguir a Cristo, de realizar la elección correcta. ¡Pero nunca es demasiado tarde para responderle!

Jesús no se cansa nunca de volver su mirada de amor y de llamar a ser sus discípulos, pero Él propone a algunos una elección más radical. En este Año Sacerdotal, quisiera exhortar a los jóvenes y a los chicos a estar atentos a si el Señor os invita a un don más grande, en el camino del Sacerdocio ministerial, y a hacerse disponibles a acoger con generosidad y entusiasmo este signo de especial predilección, emprendiendo con un sacerdote, con el director espiritual el necesario camino de discernimiento. ¡No tengáis miedo, vosotros, queridos jóvenes y queridas jóvenes, si el Señor os llama a la vida religiosa, monástica, misionera o de especial consagración: Él sabe dar gozo profundo a quien responde con valor!

Invito, además, a cuantos sienten la llamada al matrimonio a acogerla con fe, empeñándose a poner bases sólidas para vivir un amor grande, fiel y abierto al don de la vida, que es riqueza y gracia para la sociedad y para la Iglesia.

5. Orientados hacia la vida eterna

"¿Qué debo hacer para tener en herencia la vida eterna?". Esta pregunta del joven del Evangelio parece alejada de las preocupaciones de muchos jóvenes contemporáneos, ya que, como observaba mi Predecesor, “¿no somos nosotros la generación a la que el mundo y el progreso temporal llenan completamente el horizonte de la existencia?" (Carta a los jóvenes, n. 5). Pero la pregunta sobre la “vida eterna” aflora en momentos dolorosos particulares de la existencia, cuando sufrimos la pérdida de una persona cercana o cuando vivimos la experiencia del fracaso.

Pero ¿qué es la vida eterna a la que se refiere el joven rico? Nos lo ilustra Jesús cuando, dirigiéndose a sus discípulos, afirma: “Volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar” (Jn 16,22). Son palabras que indican una propuesta exaltadora de felicidad sin fin, del gozo de ser colmados por el amor divino para siempre.

Preguntarse sobre el futuro definitivo que nos espera a cada uno de nosotros da sentido pleno a la existencia, ya que orienta el proyecto de vida hacia horizontes no limitados y pasajeros, sino amplios y profundos, que llevan a amar el mundo, tan amado por el mismo Dios, a dedicarnos a su desarrollo, pero siempre con la libertad y la alegría que nacen de la fe y de esperanza. Son horizontes que ayudan a no absolutizar las realidades terrenas, sintiendo que Dios nos prepara una perspectiva más grande, y a repetir con san Agustín: “Deseemos juntos la patria celeste, suspiremos hacia la patria celeste, sintámonos peregrinos aquí abajo” (Comentario al Evangelio de san Juan, Homilía 35, 9). Teniendo fija la mirada en la vida eterna, el Beato Pier Giorgio Frassati, muerto en 1925 a la edad de 24 años, decía: “¡Quiero vivir y no vivaquear!”, y en la foto de una escalada, enviada a un amigo, escribía: “Hacia lo alto”, aludiendo a la perfección cristiana, pero también a la vida eterna.

Queridos jóvenes, os exhorto a no olvidar esta perspectiva en vuestro proyecto de vida: estamos llamados a la eternidad. Dios nos ha creado para estar con Él, para siempre. Ésta os ayudará a dar un sentido pleno a vuestras elecciones y a dar calidad a vuestra existencia.

6. Los mandamientos, camino del amor auténtico

Jesús recuerda al joven rico los diez mandamientos, como condiciones necesarias para “tener en herencia la vida eterna”. Estos son puntos de referencia esenciales para vivir en el amor, para distinguir claramente el bien del mal y construir un proyecto de vida sólido y duradero. También a vosotros, Jesús os pregunta si conocéis los mandamientos, si os preocupáis por formar vuestra conciencia según la ley divina y si los ponéis en práctica.

Ciertamente, se trata de preguntas contracorriente respecto a la mentalidad actual, que porpone una libertad desvinculada de valores, de reglas, de normas objetivas e invita a rechazar todo límite a los deseos del momento. Pero este tipo de propuesta en lugar de conducir a la verdadera libertad, lleva al hombre a ser esclavo de sí mismo, de sus deseos inmediatos, de los ídolos como el poder, el dinero, el placer desenfrenado y las seducciones del mundo, haciéndole incapaz de seguir su natural vocación al amor.

Dios nos da los mandamientos porque nos quiere educar en la verdadera libertad, porque quiere construir con nosotros un Reino de amor, de justicia y de paz. Escucharlos y ponerlos en práctica no significa alienarse, sino encontrar el camino de la libertad y del amor auténticos, porque los mandamientos no limitan la felicidad, sino indican cómo encontrarla. Jesús, al inicio del diálogo con el joven rico, recuerda que la ley dada por Dios es buena, porque “Dios es bueno”.

7. Os necesitamos

Quien vive hoy la condición juvenil tiene que afrontar muchos problemas derivados de la desocupación, de la falta de referencias ideales seguras y de perspectivas concretas para el futuro. Entonces se puede tener la impresión de ser impotentes ante las crisis y a sus consecuencias actuales. ¡A pesar de las dificultades, no os dejéis desanimar y no renunciéis a vuestros sueños! Cultivad en cambio en el corazón deseos grandes de fraternidad, de justicia y de paz. El futuro está en las manos de quienes saben buscar y encontrar razones fuertes de vida y de esperanza. ¡Si queréis, el futuro está en vuestras manos, porque los dones y las riquezas que el Señor ha puesto en el corazón de cada uno de vosotros, plasmados por el encuentro con Cristo, pueden traer auténtica esperanza al mundo! Es la fe en su amor la que, haciéndoos fuertes y generosos, os darás el valor de afrontar con serenidad el camino de la vida y a asumir responsabilidades familiares y profesionales. Empeñaos en construir vuestro futuro a través de itinerarios serios de formación personal y de estudio, para servir de modo competente y generoso al bien común.

En mi reciente Carta encíclica sobre el desarrollo humano integral, Caritas in veritate, he enumerado algunos grandes desafíos actuales, que son urgentes y esenciales para la vida en este mundo: el uso de los recursos de la tierra y el respeto de la ecología, la justa división de los bienes y el control de los mecanismos financieros, la solidaridad con los países pobres en el ámbito de la familia humana, la lucha contra el hambre en el mundo, la promoción de la dignidad del trabajo humano, el servicio a la cultura de la vida, la construcción de la paz entre los pueblos, el dialogo interreligioso, el buen uso de los medios de comunicación social.

Son desafíos a los que estáis llamados a responder para construir un mundo más justo y fraterno. Son desafíos que requieren un proyecto de visa exigente y apasionante, en el que poner toda vuestra riqueza según el designio que Dios tiene sobre cada uno de vosotros. No se trata de realizar gestos heroicos ni extraordinarios, sino de actuar haciendo fructificar los propios talentos y las propias responsabilidades, empeñándose en progresar constantemente en la fe y en el amor.

En este Año Sacerdotal, os invito a conocer la vida de los santos, en particular la de los santos sacerdotes. Veréis que Dios les guió y que encontraron su camino día a día, precisamente en la fe, en la esperanza y en el amor. Cristo llama a cada uno de vosotros a comprometeros con Él y a asumir las propias responsabilidades para construir la civilización del amor. Si seguís su Palabra, también vuestro camino se iluminará y os conducirá a metas altas, que dan alegría y sentido pleno a la vida.

Que la Virgen María, Madre de la Iglesia, os acompañe con su protección. Os aseguro mi recuerdo en la oración y os bendigo con gran afecto.

En el Vaticano, 22 de febrero de 2010

Martes, 09 Marzo 2010 16:23

Adoración de la Cruz

adoracion_de_la_cruz_miniCruzado ya el ecuador de la Cuaresma nos recogemos nuevamente, después del encuentro de Huertor Tájar, para tener un rato de oración junto a la Cruz del Señor. El lugar elegido será Dehesas Viejas (dirección Jaén, pasada la entrada de Iznalloz) el próximo viernes día 12 a las 20 h de la tarde. Si el tiempo nos lo permite, comenzaremos con un recorrido procesional con la imagen de Cristo crucificado por las calles del pueblo en dirección a la Iglesia parroquial. Una vez dentro de ella tendremos un encuentro diálogo con Cristo en la Cruz. Él nos hablará y nosotros también le podremos interpelar y dirigir nuestra oración. Los textos de la meditación, la música, la luz y el silencio recogido nos ayudarán a vivir este acontecimiento como un momento de gracia para prepararnos a la celebración de la Semana Santa.

Cada uno se busca la forma de llegar hasta allí. En caso de contar con un grupo mayor de 35 personas que no tuviera medio de trasporte, la Delegación pondría un autobús para acercar a todos ellos hasta Dehesas Viejas. El precio del viaje sería de 5 euros por persona y la salida sería desde el Centro comercial Neptuno. Para avisar ponese en contacto telefónico con la Curia (10.30 h a 13.30 h) o escribiendo un email a la dirección de la Delegación: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. El plazo para solicitar plaza en el autobús termina el jueves día 11 a las 14.00 h.
Domingo, 21 Febrero 2010 17:14

Peregrinación Europea de Jóvenes 2010 PEJ

Queridos amigos y amigas:

Con el deseo de de animar y fortalecer la pastoral juvenil en la diócesis de Granada, la Delegación de Pastoral juvenil sigue trabajando en este curso acercándose a cada una de las zonas territoriales con los encuentros juveniles diocesanos por vicarías. Este proyecto común nos está ayudando a conocernos más, trabajar en equipo y coordinarnos en esta faceta de nuestra pastoral evangelizadora.

Seguimos al mismo tiempo trabajando para acoger a los miles de jóvenes que vendrán a nuestra diócesis en el verano de 2011 y nuestra participación como iglesia local en la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid de ese mismo año. En próximas fechas os llegará toda la documentación oficial de inscripción y los materiales para que los podáis utilizar en vuestras tareas pastorales.

Ambas realidades, encuentros diocesanos y la JMJ, nos están ayudando para organizarnos también a nivel de pastoral juvenil de Andalucía. Desde las delegaciones diocesanas de pastoral juvenil andaluzas estamos trabajando en equipo para unir esfuerzos y compartir nuestra fe como iglesias hermanas.

Unas de estas actividades conjuntas a nivel andaluz será la Peregrinación Europea de Jóvenes que con motivo de Año Jubilar Compostelano se celebrará en Santiago de Compostela del 6 al 8 de Agosto. Aprovechando esta ocasión las Diócesis del sur de España nos hemos unido para caminar juntas desde el 30 de Julio y unirnos a dicho Encuentro.

Ante el interés mostrado por muchos jóvenes para reservar su plaza, os adjuntamos una ficha de preinscripción que deberá estar en nuestra Delegación antes del 30 de abril junto al justificante del pago de 50 euros de adelanto sobre los 250 euros de la inscripción de la Peregrinación. El ingreso del dinero debes hacerlo en este número de cuenta de la Caixa: 2100 2175 78 0200378683. Este adelanto no se devolverá en caso de no ir finalmente a la PEJ (Peregrinación Europea de Jóvenes). Sólo ofertamos 100 plazas para toda Granada. En caso de haber más solicitudes que plazas se confeccionará una lista de espera por riguroso orden de petición.

Esta peregrinación es para jóvenes de entre 16 a 35 años.


Recibid un abrazo fraterno.

FRANCISCO JOSÉ MINGORANCE RODRÍGUEZ

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