El Santo Padre y los Jóvenes

Benedicto XVI ha entregado a jóvenes africanos su reciente encíclica social "Caritas in veritate" como una brújula para cambiar las injusticias que siguen afligiendo a ese continente.

La entrega del documento tuvo lugar al final del Rosario "per l'Africa e con l'Africa" que, gracias a las nuevas tecnologías de la comunicación, unió este sábado a universitarios de varias ciudades del continente con el Aula Pablo VI del Vaticano, donde se encontraban los participantes en el segundo Sínodo de África, así como universitarios italianos y de África residentes en Roma.

El Papa Benedicto XVI invitó a todos los fieles, y especialmente a los jóvenes, que recen el Rosario en este tiempo.

Durante los saludos a los peregrinos de distintas procedencias, al concluir la Audiencia General, el Papa dirigió unas palabras, como es su costumbre, a los jóvenes, a los recién casados y a los enfermos, a quienes en esta ocasión propuso un rezo más asiduo de esta devoción mariana.

"La Iglesia honra hoy a la Beata Virgen del Rosario, memoria litúrgica que me ofrece la oportunidad de reafirmar la importancia de la oración del Rosario, tan querida también a mis venerados Predecesores".

Durante el Viaje Apostólico a la República Checa

Ofrecemos a continuación el Mensaje que el Papa ha dirigido esta mañana, al término de la Santa Misa celebrada en la vía de Melnik (Stará Boleslav), a los jóvenes congregados con motivo de la celebración del martirio de san Wenceslao, patrón de la República Checa.

Benedicto XVI alentó a los jóvenes a no tener miedo de abrazar la Cruz, este miércoles, en la semana en la que ha comenzado la peregrinación por España de la Cruz de las Jornadas Mundiales de la Juventud, en preparación del encuentro de Madrid.

 

Al final de la audiencia general, el pontífice recordó que este martes la Iglesia hizo memoria de la Virgen de los Dolores, "que con fe se detuvo ante la cruz de Jesús".

"Queridos jóvenes --dijo el Papa a los chicos y chicas presentes en el Aula Pablo VI--, no tengáis miedo de permanecer también vosotros como María junto a la Cruz para encontrar la valentía para superar todo obstáculo en vuestra existencia".

Unos cinco mil jóvenes acogieron el 14 de septiembre en la catedral de la Almudena de Madrid, junto al cardenal Antonio María Rouco Varela, pastor de esa ciudad, la Cruz de la Jornada Mundial de la Juventud que se celebrará en Madrid la tercera semana de agosto de 2011.

Queridos amigos

Es para mí un gran gozo recibir en esta audiencia a un grupo tan numeroso, venido de Madrid y de España para recoger la Cruz de los jóvenes que recorrerá diversas ciudades hasta la Jornada Mundial de la Juventud, en Madrid el año dos mil once. Saludo cordialmente al Señor Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, que preside esta peregrinación, al coordinador general de la Jornada, su obispo auxiliar, Monseñor César Augusto Franco Martínez, y a los demás obispos, a los sacerdotes y catequistas que han querido estar aquí. Os saludo con afecto especialmente a vosotros, queridos jóvenes, que, al tomar la cruz, confesáis vuestra fe en Aquel que os ama sin medida, el Señor Jesús, cuyo misterio pascual celebraremos en estos días santos. Como he dicho en otra ocasión, «la fe, a su modo, necesita ver y tocar. El encuentro con la cruz, que se toca y se lleva, se transforma en un encuentro interior con Aquel que en la cruz murió por nosotros. El encuentro con la cruz suscita en lo más íntimo de los jóvenes el recuerdo del Dios que quiso hacerse hombre y sufrir con nosotros» (A los miembros de la Curia romana, 22 diciembre 2008). Me alegra saber que esta cruz que habéis recibido la llevaréis en procesión el Viernes Santo por las calles de Madrid para que sea aclamada y venerada.
Os animo, por tanto, a descubrir en la Cruz la medida infinita del amor de Cristo, y poder decir así, como san Pablo: «vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí» (Ga 2,20). Sí, queridos jóvenes, Cristo se ha entregado por cada uno de vosotros y os ama de modo único y personal. Responded vosotros al amor de Cristo ofreciéndole vuestra vida con amor. De este modo, la preparación de la Jornada Mundial de la Juventud, cuyos trabajos habéis comenzado con mucha ilusión y entrega, serán recompensados con el fruto que pretenden estas Jornadas: renovar y fortalecer la experiencia del encuentro con Cristo muerto y resucitado por nosotros.

Id tras las huellas de Cristo. Él es vuestra meta, vuestro camino y también vuestro premio. En el lema que he escogido para la Jornada de Madrid, el apóstol Pablo invita a caminar, «arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (Col 2,7). La vida es un camino, ciertamente. Pero no es un camino incierto y sin destino fijo, sino que conduce a Cristo, meta de la vida humana y de la historia. Por este camino llegaréis a encontraros con Aquel que, entregando su vida por amor, os abre las puertas de la vida eterna. Os invito, pues, a formaros en la fe que da sentido a vuestra vida y a fortalecer vuestras convicciones, para poder así permanecer firmes en las dificultades de cada día. Os exhorto, además, a que, en el camino hacia Cristo, sepáis atraer a vuestros jóvenes amigos, compañeros de estudio y de trabajo, para que también ellos lo conozcan y lo confiesen como Señor de sus vidas. Para ello, dejad que la fuerza de lo Alto que está dentro de vosotros, el Espíritu Santo, se manifieste con su inmenso atractivo. Los jóvenes de hoy necesitan descubrir la vida nueva que viene de Dios, saciarse de la verdad que tiene su fuente en Cristo muerto y resucitado y que la Iglesia ha recibido como un tesoro para todos los hombres.

Queridos jóvenes, este tiempo de preparación a la Jornada de Madrid es una ocasión extraordinaria para experimentar además la gracia de pertenecer a la Iglesia, Cuerpo de Cristo. Las Jornadas de la Juventud manifiestan el dinamismo de la Iglesia y su eterna juventud. Quien ama a Cristo, ama a la Iglesia con una misma pasión, pues ella nos permite vivir en una relación estrecha con el Señor. Por ello, cultivad las iniciativas que permitan a los jóvenes sentirse miembros de la Iglesia, en plena comunión con sus pastores y con el Sucesor de Pedro. Orad en común, abriendo las puertas de vuestras parroquias, asociaciones y movimientos para que todos puedan sentirse en la Iglesia como en su propia casa, en la que son amados con el mismo amor de Dios. Celebrad y vivid vuestra fe con inmensa alegría, que es el don del Espíritu. Así, vuestros corazones y los de vuestros amigos se prepararán para celebrar la gran fiesta que es la Jornada de la Juventud y todos experimentaremos una nueva epifanía de la juventud de la Iglesia.

En estos días tan hermosos de la Semana Santa, que ayer iniciamos, os aliento a contemplar a Cristo en los misterios de su pasión, muerte y resurrección. En ellos hallaréis lo que supera toda sabiduría y conocimiento, es decir, el amor de Dios manifestado en Cristo. Aprended de Él, que no vino «a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos» (Mc 10,45). Éste es el estilo del amor de Cristo, marcado con el signo de la cruz gloriosa, en la que Cristo es exaltado, a la vista de todos, con el corazón abierto, para que el mundo pueda mirar y ver, a través de su perfecta humanidad, el amor que nos salva. La cruz se convierte así en el signo mismo de la vida, pues en ella Cristo vence el pecado y la muerte mediante la total entrega de sí mismo. Por eso, hemos de abrazar y adorar la cruz del Señor, hacerla nuestra, aceptar su peso como el Cireneo para participar en lo único que puede redimir a toda la humanidad (cf. Col 1,24). En el bautismo habéis sido marcados con la cruz de Cristo y le pertenecéis totalmente. Haceos cada vez más dignos de ella y jamás os avergoncéis de este signo supremo del amor.

Con esta actitud profundamente cristiana, llevaréis adelante los trabajos de preparación para la Jornada Mundial de la Juventud con éxito y fecundidad, porque, según dice san Pablo, todo lo podemos en Aquel que nos da la fuerza (Cf. Flp 4,13). Y en Cristo crucificado se nos ha manifestado la fuerza y la sabiduría de Dios (cf. 1 Co 1,24). Dejaos invadir de esta fuerza y sabiduría, comunicadla a los demás y, bajo la protección de la Santísima Virgen María, preparad con dedicación y gozo la Jornada de la Juventud que hará de Madrid un lugar radiante de fe y vida, donde jóvenes de todo el mundo festejen con entusiasmo a Cristo.

Llevad mi afectuoso saludo a vuestras familias y a los amigos y compañeros que no han podido venir hoy, y a los que también bendigo de corazón.

Felices fiestas de Pascua.

Muchas gracias.

Lunes, 23 Febrero 2009 18:14

Mensaje del Papa para la Cuaresma 2009

desierto_sombra"Jesús, después de hacer un ayuno durante cuarenta días
y cuarenta noches, al fin sintió hambre" (Mt 4,2)

¡Queridos hermanos y hermanas!

Al comenzar la Cuaresma, un tiempo que constituye un camino de preparación espiritual más intenso, la Liturgia nos vuelve a proponer tres prácticas penitenciales a las que la tradición bíblica cristiana confiere un gran valor -la oración, el ayuno y la limosna- para disponernos a celebrar mejor la Pascua y, de este modo, hacer experiencia del poder de Dios que, como escucharemos en la Vigilia pascual, "ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos" (Pregón pascual). En mi acostumbrado Mensaje cuaresmal, este año deseo detenerme a reflexionar especialmente sobre el valor y el sentido del ayuno. En efecto, la Cuaresma nos recuerda los cuarenta días de ayuno que el Señor vivió en el desierto antes de emprender su misión pública. Leemos en el Evangelio: "Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de hacer un ayuno durante cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre" (Mt 4,1-2). Al igual que Moisés antes de recibir las Tablas de la Ley (cfr. Ex 34, 8), o que Elías antes de encontrar al Señor en el monte Horeb (cfr. 1R 19,8), Jesús orando y ayunando se preparó a su misión, cuyo inicio fue un duro enfrentamiento con el tentador.

 

Domingo, 22 Febrero 2009 11:50

Mensaje del Papa para la JMJ 2009

san-pedro-y-san-pabloQueridos amigos:

El próximo domingo de Ramos celebraremos en el ámbito diocesano la XXIV Jornada Mundial de la Juventud. Mientras nos preparamos a esta celebración anual, recuerdo con enorme gratitud al Señor el encuentro que tuvimos en Sydney, en julio del año pasado. Un encuentro inolvidable, durante el cual el Espíritu Santo renovó la vida de tantos jóvenes que acudieron desde todos los lugares del mundo. La alegría de la fiesta y el entusiasmo espiritual experimentados en esos días, fueron un signo elocuente de la presencia del Espíritu de Cristo. Ahora nos encaminamos hacia el encuentro internacional programado para 2011 en Madrid y que tendrá como tema las palabras del apóstol Pablo: «Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cf. Col 2,7). Teniendo en cuenta esta cita mundial de jóvenes, queremos hacer juntos un camino formativo, reflexionando en 2009 sobre la afirmación de san Pablo: «Hemos puesto nuestra esperanza en el Dios vivo» (1 Tm 4,10), y en 2010 sobre la pregunta del joven rico a Jesús: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?» (Mc 10,17).

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